La Coca-Cola es una bebida azucarada

El grupo político de Ramón Espinar pide el boicot por los problemas laborales de los trabajadores de una planta de la multinacional

Cada vez más, y con más fuerza, desde diversos ámbitos tratan de convencernos de la necesidad de eliminar el consumo de bebidas refrescantes azucaradas, como pueden ser Coca-Cola, Fanta. Red Bull o Pepsi por citar algunas de las marcas más famosas y probablemente con mayor nivel de consumo en España.

De hecho, en los últimos años las grandes marcas han sacado al mercado líneas de productos ‘light’ o ‘zero’ a fin de conservar un nicho de mercado cada vez más alejado de los azucares, bien por salud o bien por estética.

No creo que el personal sanitario aconseje desterrar de nuestra dieta este tipo de bebidas por capricho. Hay evidencias y pruebas científicas que vinculan los refrescos azucarados con, por ejemplo, la obesidad infantil, que alcanza al 43 por ciento de los niños españoles. Y la obesidad genera a la larga otro tipo de problemas de salud mucho más graves que unos cuantos kilos o michelines de más.

De hecho, la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) acaba de exigir a los distintos gobiernos de España – el central y las comunidades autónomas – la puesta en marcha de medidas “para reducir el consumo de productos no saludables como las bebidas azucaradas”.

A exigencias como la realizada por la OCU nos tendríamos que unir todos los consumidores en clara responsabilidad por la salud pública. Consumidores que, como ciudadanos, deberíamos exigir a la clase política y dirigente medidas claras y contundentes para frenar esta pandemia. Sin embargo, el deseo por una sociedad más saludable choca frontalmente contra el marketing y la publicidad. Y, por qué no, por la falta de ejemplo que dan algunos referentes públicos y sociales.

Por ejemplo, está muy mal visto que un político, un actor o, por ejemplo, un empresario de éxito salga en televisión o en la fotografía de cualquier periódico fumando. No sólo porque  el tabaco ha pasado de moda y sea un elemento que perjudica gravemente la salud, sino por el mal ejemplo que transmiten. Este tipo de personajes públicos evitan esa imagen porque son y deben dar ejemplo público. Todos menos uno, por nombre Ramón Espinar, senador de Podemos para más señas.

El político, conocido por su beneficiosa transacción inmobiliaria con una vivienda VPO, fue sorprendido en el restaurante del Senado a la hora de comer con dos botellines de Coca-Cola. Doble ración de una bebida azucarada de una marca bien consolidada, contra la que el grupo político de Ramón Espinar pide el boicot por los problemas laborales de los trabajadores de una planta de esta multinacional en Madrid.

Los de Podemos han justificado la imagen de Ramón Espinar en un error, pero no por las posibles consecuencias que para la salud pública pudiese tener su fotografía junto a los dos botellines, no. Error pero por no seguir el boicot a la marca de la bebida azucarada.

Lo bien que habrían quedado el propio Espinar o Pablo Iglesias haciendo un llamamiento al consumo de bebidas no azucaradas. Aunque, para eso, sería necesaria una clase política que pensara en los ciudadanos y no sólo en su estrategia política.