‘Tramabús’: demasiadas casualidades

“No quiero ser mal pensado, aunque no me queda más remedio que desconfiar de algunas circunstancias a modo de casualidades”

 Por José A. Hierrezuelo 

Una campaña publicitaria es más efectiva si al lema, mensaje o imagen de la misma le acompañan otras acciones que refuercen su idea u objetivo finalista. Por ejemplo, a nadie se le ocurriría publicitar un tratamiento de belleza si no se acompaña de rostros bellos y esbeltos.

Podemos, ese partido más pendiente de hacerse notar que de trabajar, ha lanzado el ‘Tramabús’ un autobús serigrafiado a modo de valla publicitaria rodante con imágenes de políticos – muchos del PP, Pujol y ninguno del PSOE- empresarios y algún que otro periodista a los que vinculan directamente con la corrupción.

El ‘Tramabús’ consiguió llamar la atención, incluso por la avería que le obligó a estar en el taller el segundo día de desarrollo de la campaña publicitaria, porque a todos los ciudadanos nos duele corrupción. De hecho, es uno de los grandes problemas de España según los propios españoles.

Sin embargo, y como indican los manuales de cualquier campaña publicitaria, el ‘Tramabús’ necesitaría de otras acciones para reforzar su mensaje: este es un país corrupto, lleno de corruptos y los más corruptos son los del Partido Popular que nos gobierna y al que hay que desalojar del poder sea como sea. Obviamente, los promotores de la campaña, es decir los de Podemos, son santos varones a pesar del pisito de Ramón Espinar, del asistente en negro de Pablo Echenique y algunos otros casos vergonzantes.

No quiero ser mal pensado, aunque no me queda más remedio que desconfiar de algunas circunstancias a modo de casualidades acontecidas tras la presentación del ‘Tramabús’ y que no hacen más que reforzar el mensaje de la campaña podemita. Casualmente, el presidente del gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy, tendrá que declarar ante la Justicia como testigo por la supuesta contabilidad ‘B’ de la formación política con la que se habrían financiado campañas electorales.

Es decir, Mariano Rajoy – quien curiosamente aparece entre los personajes representados en el ‘Tramabús’ – es situado en el centro de la diana de la corrupción. Horas después, el juez Eloy Velasco – conocido por su supuesta inquina al PP – ordena la detención de Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid por una presunta y millonaria chorizada.

Soy de los que exigen que a los chorizos de baja estofa o de cuello blanco, palo largo y mano dura. Pero ni como ciudadano, ni como periodista, admito que un juzgado, un fiscal o la Policía dé pistas a determinada cadena de televisión –famosa por su apoyo a Podemos- de cuándo, cómo y dónde se iba a proceder a la detención de Ignacio González. Eso no es casualidad. Es corrupción.

Como anillo al dedo le ha venido a Podemos tanto la citación a declarar de Rajoy como la detención de Ignacio González, preso por la denuncia de irregularidades interpuesta ante Fiscalía por la propia Comunidad de Madrid gobernada por el Partido Popular de Cristina Cifuentes. Misma formación que le apartó de la carrera política, a Dios gracias.

Tan bien le ha venido, que Podemos ya ha ofrecido una moción de censura contra el PP en Madrid, porque, en palabras de su líder Pablo Iglesias, el Partido Popular es un corrupto y no puede seguir gobernando. Idea con la que pusieron en marcha el ‘Tramabús’. Luego, pienso que en España hay demasiadas cosas que huelen mal, puesto que es imposible tanta casualidad.