Ser catalán o español no pone en riesgo nuestra vida, locos que ponen bombas o atropellan indiscriminadamente sí

Artículo de opinión de Rubén Villar, de Nuevas Generaciones El Puerto

En estos últimos días estamos viendo cómo en Cataluña el derecho fundamental a la libertad ideológica está siendo comprometido por parte de las administraciones educativas en esta Comunidad Autónoma. Hace poco, un instituto de enseñanza pública informaba mediante un comunicado a los padres sobre una huelga “contra la ofensiva franquista del PP” refiriéndose a las medidas que se están tomando contra el referéndum del 1-O. También se informaba en el mismo de que se trataba de una huelga general de estudiantes para la ESO y las universidades.

Es triste ver cómo ciertas personas con responsabilidades tan importantes para una sociedad como es la educación de nuestros más jóvenes no tienen pudor en emplear una herramienta recogida en nuestra Constitución para fomentar su pensamiento e ideología en los estudiantes de cuyos centros son responsables. Además, lo hacen a través de términos incendiarios que incitan al odio y a la radicalización en las aulas.

Politizar las aulas con tal de imponer un pensamiento en la sociedad… ¡Qué gran incongruencia emplear técnicas propias de dictaduras para luchar contra lo que pensamos que son actos propios de una misma! Los niños son simplemente niños. ¿Por qué no intentamos dejar a los niños tranquilos y que se dediquen a lo que les toca que es estudiar, jugar, crecer…? Los niños no van a los colegios a votar, van a aprender.

España es una nación que ya ha sufrido bastante con la radicalización de otros sectores de la sociedad. Y es que no es tan difícil entender que actualmente tenemos problemas más acuciantes que debemos resolver. El terrorismo internacional nos afecta a todos por igual, ya lo vimos en los últimos atentados acaecidos a mediados del pasado mes de agosto. Personas de diferentes nacionalidades fueron terriblemente asesinadas entonces, y yo me pregunto: ¿Fue distinto el sufrimiento que padecieron estas familias? ¿Sufrieron menos por pertenecer a un país o a otro?…

Lo que importa verdaderamente no es de dónde vengamos o de dónde nos queramos sentir que venimos. Es cierto, unos se pueden sentir más o menos orgullosos de su procedencia, pero no creo que estos tiempos sean los más adecuados para dividir a la sociedad, para fomentar el odio en los más jóvenes. Ser catalán o español no pone en riesgo nuestra vida, locos que ponen bombas o atropellan indiscriminadamente sí.

La juventud siempre ha sido un símbolo del cambio, de la novedad, de la vanguardia… Con ellos logramos una sociedad en continua evolución. Pero la juventud tiene que ser por ella misma un elemento clave en la sociedad, y no ser controlada, manipulada o manoseada por nada ni nadie, y mucho menos por los poderes públicos.