La trinidad toro-torero-muerte nos significa a los españoles

Jornada sobre Cirugía y Tauromaquia organizada por la Academia de Cirugía y Medicina de Cádiz

Hace unos días, la Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz programó una mesa redonda sobre Cirugía y Tauromaquia y se desarrolló en el salón de actos del Colegio Oficial de Médicos de Cádiz, situado en la calle Benjumeda, con diversas intervenciones.

Jornada de Cirugía y Tauromaquia

El salón contó con una gran asistencia de público, formado por ejercientes de la Medicina y seguidores del toreo, tanto aficionados como profesionales, entre ellos el maestro Luis Parra Jerezano. La presentación corrió a cargo de don José Sueiro Fernández, académico de número y director del Departamento de Cirugía de la Universidad de Cádiz, que además hizo un recorrido sobre la evolución de la cirugía, destacando los nombres del doctor Creus y Manso y de los doctores Zúmel, padre e hijo.

Doctor Sueiro

Don José Almenara Barrios, académico de número y Catedrático de Bioestadística expuso el tema “La muerte en la Historia de la Tauromaquia”. Abordó una aproximación a la distribución y frecuencia y localización de los toreros de alternativa. La cornada mortal es el hecho más trascendental del hecho taurino y siempre hay una mitificación del torero muerto en la plaza pero el fin último de los cirujanos taurinos es que el hecho fatal no se produzca. La muerte ha estado presente en los juegos taurinos siempre, desde Creta hasta las prohibiciones de los papas (que buscaban impedir la muerte de los toreros). Según Antonio Gala, la trinidad toro-torero-muerte nos significa a los españoles. Las pesquisas realizadas por Almenara van desde 1771, fecha de la primera muerte datada de un matador de alternativa hasta 1947, como homenaje a Manolete; en ese período de 176 años hay 497 fallecidos, de los que 53 son matadores de toros.

Doctor Almenara

El mayor número de fallecidos corresponde a novilleros, banderilleros, toreros landeses, puntilleros, espontáneos y otros personajes que se mueven alrededor del toro. En el siglo XVIII hubo 3 matadores fallecidos por asta de toro; en la primera mitad del XIX, 9; en la segunda mitad, 16; en la primera mitad del XX, 25 (lógico, porque es el momento más esplendoroso de la tauromaquia) y en la segunda mitad (que no es estudiada), 8. Citaremos algunos casos. El primer fallecido fue el gaditano José Cándido Expósito, muerto en El Puerto de Santa María por un toro de Bornos. La primera mitad del XIX vio la muerte de Pepe Hillo en Madrid, por un toro de Peñaranda de Bracamonte. La segunda mitad del XIX ve la muerte, en Madrid, de Pepete en los cuernos de un miura, la del puertorrealeño Bernardo Gaviño, muerto en Texcoco, a los 73 años de edad, por un toro de Ayala y la del valenciano Punteret en Montevideo (Uruguay). En la primera mitad del siglo XX, mueren Joselito, en Talavera; Granero, a los 20 años, en Madrid; Sánchez Mejías, en Manzanares, y, finalmente, Manolete. La edad media de todos los toreros fallecidos en el ruedo es 35 años. De los toros que han provocado el fallecimiento de los toreros, el 80% tuvo comportamiento de bravo y el 20%, de manso (atendiendo a sus comportamientos en varas). La mayor parte de las cornadas se produce en el último tercio de la lidia. La región anatómica más afectada en cornada mortal son las extremidades inferiores, seguidas del abdomen. Finalmente, el fallecimiento inmediato en el ruedo está comprobado que se dio en 16 casos y el diferido, en 32 casos.

Don Eduardo García-Cimbrelo, jefe de servicio de Cirugía Ortopédica del hospital La Paz, de Madrid abordó la relación entre “Traumatología y Tauromaquia”. En especial se refirió a las lesiones músculo-esqueléticas. No suelen ser vitales y suelen pasar desapercibidas en una primera cura pero precisan largo tiempo para su curación y dejan graves secuelas. Pueden ser fracturas óseas (en la columna, las cervicales, en los miembros…) estables e inestables, heridas musculares, lesiones en las manos, lesiones neurológicas y pequeñas lesiones como los esguinces.

Doctor García Cimbrelo

El matador chiclanero Paquiro, en su Tauromaquia, exigía a los toreros valor, ligereza y conocimiento de la profesión; la ligereza es la habilidad para librarse del toro mediante un movimiento del cuerpo, y eso exige una salud y una capacidad corporal a prueba, que se van perdiendo con las lesiones consecuentes a las cornadas. En el lado opuesto, probando que la ciencia tiene misterios, está el jerezano Rafael de Paula, que conseguía lances de emoción artística a pesar de tener rodillas de cristal.

Don Vicente Vega Ruiz, director de Cirugía del hospital de Puerto Real, habló de “Control de daños en las heridas abdominales por asta de toro”. No es un tema complejo. Se trata de ver si a un paciente en situación crítica se le puede aplicar una cirugía de control de daños para salvarle la vida. Según esta cirugía, que nació en América, controlar la hemorragia es clave para salvar la vida y para ello es muy apropiada la comprensión, con la mano, con una venda o con lo que haga falta. Lo importante es evitar la tríada mortal, formada por hipotermia, acidosis y coagulopatía. Las cornadas de Paquirri y de José Tomás fueron muy semejantes. Sólo se diferenciaron en que el primero tenía sólo lesión venosa; José Tomás tenía además lesión en la arteria ilíaca. ¿Cuándo hay que hacer cirugía de control de daños? Hay que hacerla muy rápidamente, y desde luego cuando no se puede hacer una hemostasia, cuando el consumo de tiempo es excesivo para las características del paciente o cuando no hay acceso a los grandes vasos. Aparte de comprimir hay que inspeccionar rápidamente. La laparotomía (abrir las paredes abdominales) debe ser contundente para limpiar mejor, porque existe un gran peligro de contaminación con todo lo que hay en el abdomen y de ahí vienen las complicaciones. Los traumatismos suelen ser más venosos que arteriales. Hay que taponar por cuadrantes. Para todo ello, finalmente, hace falta un equipo multidisciplinar.

Doctor Vega Ruiz

Don Rafael Comino Delgado, académico de número y Catedrático de Universidad, se refirió a “El uso del torniquete en las heridas por asta de toro”. El torniquete es un procedimiento para detener una hemorragia usando una cinta o una cuerda por encima de la herida, atándola todo lo fuerte que se pueda. Comprime el músculo y colapsa la luz del vaso. Los torniquetes arteriales tienen una historia muy larga, pues lo empleaban las legiones romanas en el campo de batalla, y se considera que puede salvar vidas pero es muy peligroso en manos no expertas. En los toreros es frecuente poner el torniquete para poder seguir toreando, lo que es desaconsejable, ya que aumenta la hemorragia pues corta el paso hacia arriba de la sangre venosa, que busca salida por la herida.

Doctor Comino

Posteriormente las consecuencias del torniquete son variadas, algunas pueden desaparecer en una o dos semanas pero otras pueden ser de mayor trascendencia, incluida la trombosis cerebral. Frente al torniquete se presenta el vendaje de compresión, que, para muchos autores, debe ser usado en un primer momento dejando el torniquete para un segundo momento, para heridas más graves que conlleven riesgos de pérdida de un miembro. O sea, más oportuno es taponar la herida con un pañuelo, o una toalla o la simple mano cerrada en puño, antes de ir a la enfermería en el plazo de no más de dos minutos. Al efecto, el doctor Zúmel era un declarado enemigo del uso del torniquete.

Don Guillermo Boto Arnau, académico correspondiente y Especialista en Obstetricia y Ginecología, habló de “Recientes aportaciones en la realidad de la muerte de Manolete”. Fue su colaboración al centenario del nacimiento de Manolete, de cuya faena mortal en Linares no hay película, sólo fotos de Cano. En ellas se ve que el toro se vencía por el lado derecho y toda la faena la realizó con la mano derecha; al final de la faena se adorna cogiendo la mazorca del cuerno derecho. Mató en la suerte contraria y el toro se volvió a vencer del cuerno derecho, pero Manolete ejecutó la estocada despacio, sin aliviarse y marcando los tiempos. La cornada, en el triángulo de Scarpa, tuvo dos trayectorias, una hacia arriba y otra hacia abajo, produciendo una hemorragia grande y dejando un reguero en la arena. Resultaron seccionadas las venas femoral y safena, aparte de músculos, y afectado el trocánter. Se dijo que el doctor Garrido, en la enfermería, hizo la ligadura de la femoral, operación que suele dejar secuelas terribles.

Doctor Boto

En “La Tauromaquia” de Paco Laguna se cuenta que el doctor Torco dijo que en la segunda operación, en el hospital, se encontró ligadas las dos femorales, la arteria y la vena. Tras la trasfusión (que posiblemente hubo dos) Manolete despertó y pidió que viniera el doctor Guinea, quien al llegar sugirió hacerle una sangría blanca y poner plasma traído de Madrid; a los pocos minutos murió. Díez días antes, en Cádiz se había producido la explosión de San Severiano y el propio Manolete se ofreció para una corrida a beneficio de las víctimas de la explosión; como ayuda médica llegó un plasma (sobrante de la Segunda Guerra Mundial), que provocó en una paciente una reacción brutal. Según ha contado el doctor Enrique Fernández, el doctor Flores decidió probar en su cuerpo el efecto del plasma y sufrió el mismo cuadro que la paciente; ahí decidió que no se pusiera a nadie más ese plasma. Al morir Manolete, el doctor Flores reconoció que los síntomas sufridos por el torero (dolor de riñones, visión nublada…) coincidían con los que él sufrió unos días antes. No obstante todo ello, y a pesar de toda la porquería que se ha vertido sobre la muerte de Manolete, la realidad es que éste murió sólo por el hecho de que resultó cogido fatalmente por el toro “Islero”.

Por último, don José Antonio Girón González, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía dio paso a un animado coloquio con el público y finalmente dio por clausurada la jornada.