Verdad, Justicia y Reparación

Carta abierta del teniente de Infanteria de Marina, José Manuel Candón Ballestero, herido en acto de servicio, a los familiares de compañeros recientemente fallecidos

Por José Manuel Candón Ballestero
En primer lugar mostrar mi más profundo dolor y transmitir mis condolencias a las familias de nuestros compañeros caidos, que por el servicio a nuestra Patria, entregaron su vida sin importarles el cómo. Derramaron hasta la última gota de su sangre por servir a los demás como juramento que un día realizaron  y tan fatídicamente han rubricado.
Créanme,  sé  de qué les hablo, este dolor lo sufrí y lo vengo padeciendo desde hace ya, casi 7 años, los rostros de nuestros seres queridos se quedan en la memoria grabados a fuego, las últimas palabras que nos dedicaron resuenan en nuestra mente como un eco ensordecedor, la mirada cómplice antes de su despedida se ven inmersa en nuestros pensamientos hasta el infinito, no hay día en el que no los recordemos, no hay instante en el que el detalle más ínfimo nos recuerde a ellos, a veces en la oscuridad y silencio de la noche, se llega a sentir que aún están a nuestro lado velando por nuestro cuidado.
Con estas sencillas y profundas palabras no quiero ahondar  mucho más en vuestro dolor, al contrario, quiero haceros ver la cruenta realidad de lo sucedido. Pronto, quedaran atrás los gestos de cariño, los abrazos, las medallas, las muestras de afecto de políticos, generales y almirantes. Éstas se verán sustituidas por el devenir de los días, las semanas, los meses y los años, por delante os queda una ardua singladura que debéis afrontar con fortaleza, estos señores ya no volverán a llamaros por teléfono, ni tan siquiera escribiros una carta, nada solo silencio, todos quedareis en el olvido, tal vez en éstas fechas próximas a lo sucedido alguien os haga una llamada, pero luego nunca más volvereis a saber de ellos.
Durante esta dura y trágica travesía por el desierto os debéis apoyar unos en otros, no cometáis el error de ir cada uno por separado, no confiéis ni creáis las falsas promesas que os han ido realizando durante estos amargos días, no señor, no cometáis el error que yo cometí de confiar en el sistema. Con las únicas personas que podéis contar a vuestro lado, aparte de vuestras familias obviamente, son los compañeros de vuestros hijos, del padre y marido, ellos son los únicos que estarán día a día a vuestro lado, entregando lo que no tienen con el único fin de que os sintáis arropados. La Unidad donde servían jamás os abandonara como ellos nunca lo hubieran hecho.
Los políticos, generales y almirantes pronto no se acordaran de lo que os dijeron aquel día, aquella tarde, aquella noche y aquella madrugada, solamente buscaban una foto en la que se les pudiera ver como os arropaban, simplemente por salvar su imagen, no dudo que entre todos haya alguno que sinceramente con el paso de los días y quitando aquel momento sintiera de verdad lo sucedido, pero nunca como un padre o una esposa puede sentir el dolor de perder a su ser más querido.
En breve comenzareis a gestionar las indemnizaciones, las pensiones, el seguro colectivo, etc…pero mientras tanto paralelamente tendrá lugar la investigación por parte de un juez togado de lo sucedido, no quiero haceros perder la esperanza, pero en la mayoría de los casos no llegara a buen fin, terminara con un archivo de la causa sin responsabilidades por parte de nadie, en resumen un trágico accidente sin responsabilidad alguna por parte de Defensa y quedará sujeto a un fatídico suceso provocado por la mala suerte, cuando no, se lo achaquen a vuestro familiar fallecido. En ese momento es cuando el castillo de arena creado empieza a desmoronarse, las promesas y palabras quedaron atrás, os convertiréis en un número de expediente más, y pensaréis como puede estar pasándonos esto, si mi hijo o mi marido lo dieron todo por ellos, como pueden abandonarnos así.
Sé muy bien de lo que hablo, lo llevo padeciéndolo meses y años, y las viudas, huérfanas y padres de mi accidente ya agotaron las vías pidiendo lo que es de justicia, da igual las pruebas, da igual la investigación, Defensa nunca es responsable, en algún momento un General Jurídico Auditor dictaminará que “no se aprecia ningún título de imputación especifico del resultado lesivo más allá del riesgo propio que implicaba la operación” y que con lo ya habeis percibido es suficiente, por consiguiente el daño ya ha sido reparado, la cuantía económica no reparará el daño ocasionado.
Jamás y en ningún caso una cantidad de dinero reemplazará la vida de nuestros caídos, ni las secuelas de los heridos, el daño es irreversible, pero mucho menos los que os habrán pagado; sí, esa es la cantidad que para Defensa vale uno de sus militares caídos, una cantidad que insulta la inteligencia de las familias de los fallecidos, no supone ni el 20% que se podría percibir tras un fallecimiento en accidente de tráfico.
Estimados familiares, con esta carta no pretendo incrementar vuestro dolor, sino simplemente os pongo en alerta, la orfandad tutelar a la que os veréis sometidos por Defensa, el abandono incomprensible, os queda mucho camino por recorrer, no estáis solos, la familia militar es la más grande y unida del mundo, lástima que unos dirigentes políticos, sean del color que sean y de unos generales y almirantes al servicio de éstos, enturbien la labor de nuestros hermanos de armas, que día a día se dejan la piel, llegando incluso a derramar la última gota de sangre si ello fuera preciso.
Recordad mis palabras, no pretendo ofender a nadie, ni con el ánimo de molestar vuestro luto, al contrario, mi indignación llega a tal punto que no podía permanecer callado y ver la pantomima que algunos quieren hacer de vuestro dolor, no todos los que visten de uniforme son militares, ni dignos de representarnos.
Reciban mi más fuerte abrazo, el dolor nos hace más fuertes, allí donde estén seguirán siendo los mejores, caídos y heridos por España que en gloria están, ¡SIEMPRE PRESENTES!