Caro Gil se pasa al campo de los subalternos

El torero de Mesas de Asta ha cambiado el traje de oro por el traje de plata

Antonio Caro Gil, torero jerezano de Mesas de Asta, ha decidido cambiar el carnet profesional de matador de toros por el de subalterno. Él ha sido lo que se llama un torero de culto, que, con luces y sombras, ha llamado siempre la atención de los aficionados. Su toreo se caracteriza por lo imprevisible y lo sorprendente. Sorprendente nos ha resultado su paso dado ahora, en plena madurez. Lo encontramos en el parque González Hontoria, entrenando, tras el monumento a Shakespeare, con dos jóvenes novilleros sin caballos.

Antonio, ¿cómo has tomado la decisión de dejar el oro y pasar a la plata?

Fue por agosto, avanzada la temporada. Llevaba bastante tiempo toreando poco. Mi última actuación, en Sanlúcar el 2 de octubre de 2016, fue una de las mejores que he tenido. Después de triunfos como los de El Puerto y Sanlúcar no vi repercusión. Era mucha entrega, en tiempo y en entrenamiento, para poca recompensa. Me he visto abocado a esa decisión.

¿Alguna vez habías contemplado la posibilidad de terminar como banderillero?

No. Mi pensamiento desde niño era siempre ser torero o, si no podía ser, dedicarme a estudiar y luego a trabajar. Nunca contemplé esa posibilidad como segunda opción. Ahora bien, con treinta y cinco años, el paso del tiempo te hace ver las cosas de otra manera y de madurar. No se puede decir “de esta agua no beberé”.

Sin embargo, en la escuela taurina no sólo te preparan para ser matador; también te enseñan a poner banderillas.

En la escuela, donde entré con once años, sí me enseñaron a poner banderillas, aunque no a lidiar. En los entrenamientos todos los alumnos ponían banderillas. Mi primer profesor fue Rafaeli, al que todos los alumnos le teníamos especial aprecio y cariño. Luego estaba el Cámara y lo que aprendí con él sí me puede servir para mi nueva etapa. Antonio Lozano nos cogía de mayores. Eduardo se dedicaba más a los asuntos administrativos. Así estuve hasta casi los dieciocho años.

¿Cómo fue tu estancia en la escuela de Jerez?

Me llevaba muy bien con Ojedita, aunque era algo mayor que yo, con Álvaro Márquez o un chaval de Villamartín que venía en autobús todos los días, como yo, y esperábamos juntos a que abrieran. También me llevaba bien con un alumno de Lebrija. En la escuela toreé mucho a lo largo de los siete años que estuve. Participé en algunas competiciones y tuve buenas actuaciones en plazas como Algodonales, Olvera, Alcalá de Guadaira, Sanlúcar…, pero el año fuerte fue el último, con diecisiete años.

Ese año, 2001, toreé en la Feria de El Puerto y en la de Jerez, donde a un novillo de Torrealta le corté el rabo. En Algeciras corté dos orejas en novillada televisada y gané la competición. En Jaén corté cuatro orejas y un rabo. En Olivenza, con motivo de un encuentro internacional de escuelas, corté un rabo y también gané esa competición. También gané la competición provincial. En Lorca corté cuatro orejas. Toreé en Ronda, en Sevilla… En octubre me cogió, como apoderado, Juan Reverte, aunque también me habían pretendido Pablo Lozano, Balañá y Palomo Linares. Un coche me atropelló cuando iba en la moto y me rompió la tibia y el peroné; salvo ese accidente, fue un año excelente.

Cuéntanos tu etapa de novillero con caballos.

El 2002 debuté con caballos en Vera, con novillos de Torrestrella, en un festejo mixto alternando junto los matadores Pepín Jiménez y Javier Conde, y corté tres orejas. Ese año toreé en El Puerto y me devolvieron los dos novillos al corral y, sin embargo, me pidieron con mucha fuerza dar la vuelta al ruedo, aunque me negué; aquella noche me entrevistaron en la cadena Ser; de no haber sido por la espada habría cortado cuatro orejas y un rabo. Aquello fue un triunfo fuerte, porque luego toreé otros cuatro años seguidos en El Puerto.

En agosto de 2003 fui a Madrid, en las novilladas de Canal Plus; corté las dos orejas a un novillo de Guadalmena, alternando con Alberto Aguilar y el colombiano Manuel Libardo, y salí por la puerta grande de Las Ventas.

El 2005, en Arles, aunque me llevé una cornada, corté cuatro orejas, con fuerte petición de rabo pero pinché; iba con Miguel Ángel Perera y Luis Bolívar. Vera fue la plaza donde más actué. Toreé bastantes novilladas con Alejandro Talavante, a quien también llevaba Reverte. En Arnedo un novillo me partió el cúbito a porta gayola. Varias lesiones de hueso me pararon bastante y tuve que ponerme a trabajar. De pronto Reverte montó un mano a mano con Talavante ante novillos de Salvador Domecq, y yo corté cinco orejas y un rabo por tres orejas del pacense. Mi despedida de novillero fue en Sevilla, sin trofeos pero con buenas crónicas. En total fueron unas setenta y tantas novilladas con caballos.

¿Puedes resumirnos tu etapa de matador?

En julio de 2007 tomé la alternativa en El Puerto, donde me la dio El Juli, con Cayetano de testigo, ante toros de Núñez del Cuvillo; toreé tres toros por cogida de Cayetano y pude haber cortado tres o cuatro orejas pero la espada… Después toreé en Pedro Muñoz y corté dos orejas. En septiembre fui a Vera junto a Rivera Ordóñez y Curro Díaz, con las cámaras de Canal Sur, y corté cuatro orejas; vinieron enseguida dos sustituciones de Cayetano, una en Lorca con El Cid y El Fandi, logrando dos orejas, y otra en Hellín junto a Jesulín y César Jiménez, con otras dos orejas. En Santomera, alternando con El Capea y con Julio Benítez, corté cuatro orejas y dos rabos; fue una temporada redonda, con pocos festejos pero con figuras y en Chiclana me dieron el Premio al Recuerdo por mi actuación en El Puerto.

En el 2008 toreé en Caravaca, donde me llevé tres orejas, en Cieza y en la Feria de Jerez, con José Tomás y Juan José Padilla ante reses de Núñez del Cuvillo; en el primero corté una oreja, aunque la segunda la perdí por la espada, y al segundo lo pinché y perdí otra oreja. Por el hecho de haber sido partícipe en ese cartel, que despertó tanta convocatoria, aquélla fue una de mis mejores tardes. Después hubo una corrida en El Puerto, desastrosa. Me dejó Reverte y me cogió José Miguel Ojeda pero no me hizo casi nada. 2011 Reverte me volvió a buscar unas cuantas actuaciones, como en Huércal Overa con festejo televisado, pero tampoco salió.

En 2013 toreé en Ubrique una corrida, de Ana Romero, donde corté cuatro orejas, y luego en Montoro, cortando dos, pero la tarde importante fue en El Puerto, también con lo de Ana Romero, cuando corté una oreja a mi primero (a cambio de una cornadita) y a mi segundo otra, tras una faena buena en la que se pidió el indulto. Reverte me dio una nueva oportunidad en Vera pero no salió bien. Los huecos del calendario los cubría saliendo de sobresaliente, por ir aguantando y no dejar esto.

Caro Gil junto a Marciano Breña

…Y llegaron las actuaciones de Sanlúcar…

El 27 de septiembre de 2015, en Sanlúcar toreé dos toros de Torrealta; en el primero estuve bien pero aquello no remató, aunque corté una oreja, y en cambio el segundo, que fue de menos a más, rompió maravillosamente cuando me lo saqué a los medios y desarrolló una gran calidad, con duración, que me hizo disfrutar a mí y al público, lo que me llenó de verdad, aunque el fallo a espadas quedó el premio en una oreja.

El 2 de octubre de 2016, también en Sanlúcar, monté dos líos, uno en cada toro, del hierro de Domínguez Camacho. En el primero, animal con ímpetu, hice tres quites seguidos (lo que no había pensado nunca, ni en los entrenamientos) y mantuve un nivel alto con la muleta, aunque la espada me quitó los trofeos. En el segundo decidí mostrar el toreo que a mí me gusta, reposado; allí salió lo que había soñado muchas veces, toreando de salón, cuando me preguntaba si Dios me permitiría alguna vez desarrollar lo que yo llevaba dentro. Fue como una compensación por tanto tiempo esperando en el banquillo. Corté una oreja, otra vez por la espada, pero el triunfo no son los apéndices sino que tu actuación se quede en la mente de los aficionados por mucho tiempo.

Ahora has tomado una decisión que a lo largo de la historia del toreo han tomado muchos; ni eres el primero ni vas a ser el último. ¿Qué puedes aportar al mundo de los subalternos?

No sé, el tiempo dirá. Sigo entregado en cuerpo y alma. Me llena estar cerca de los chavales que quieren ser toreros y ayudarles a su formación; pienso que sus triunfos son como míos. Antes entrenaba solo y ahora lo hago con compañeros. Espero que este año vaya acompañando a toreros y pueda salvar la temporada.

¿Cómo ves el mundo de los subalternos?

Veo grandes profesionales, de nivel alto, tanto con el capote como con las banderillas. Hay una gran competencia, dentro de la crisis que vivimos en la fiesta, y además que la provincia de Cádiz es y ha sido tierra de grandes subalternos. Entre los nombres que considero espejos para mirarme está Curro Molina. También, El Formidable, con cuyo hijo me relacioné mucho. Otro nombre retirado es Batacazo, un tercero extraordinario, que fue mucho tiempo con Manzanares.

¿Quieres añadir algo más?

No quiero terminar sin hablar de la situación actual que vive la escuela taurina de Jerez. Me da mucha pena y espero que se solucione, que ganemos la partida. En lo que pueda, voy a ayudar a que haya escuela y ya sé que dinero no va a haber, pero me indigna que la pongan en peligro, después de tantos años. Muchos chavales están con la ilusión de ser toreros. Además, en las escuelas taurinas se formas a personas antes que a toreros.

Hasta aquí la conversación con Caro Gil. Seguiremos de cerca su nueva trayectoria, en la que le deseamos toda clase de éxitos. Se va (por ahora) un gran torero; vendrá un gran subalterno.